Quién soy

Bienvenidos queridos lectores. Si están aquí y se quedan, es porque están interesados en leer mis letras. ¡Gracias por eso! Mi nombre es María Luján Gallo y mi pasión es escribir y leer mucho. Este blog funciona como un anexo de mi sitio en wordpress, que pueden visitar para leer reseñas y opiniones sobre libros y otros artículos escritos por mí. Aquí voy subiendo mis producciones de ficción.

martes, 27 de septiembre de 2022

Benjamín

 -¡Oh mi pequeño Benjamín, mira qué bien luces! -exclama la madre cuando ve al niño salir de su habitación. Acomoda su nueva gorra azul y el niño sonríe con orgullo.

-¿Compraste cereales?

-Claro que sí mi bebé, los cereales que no podía comprarte antes están aquí. Mamá cobró el dinero que le debían y ahora estamos mejor. Vamos, come, necesitas estar fuerte.

La madre se dirige a la cocina y lava los platos de la noche anterior, porque estuvo con su hijo comiendo pizza mientras miraban una película de Disney. Piensa en que hasta hace poco tiempo, hacer algo así era un lujo, pero ahora el dinero regresó y Benjamín se ha curado y puede comer pizza, cereales, ver películas y llevar una gorra azul preciosa.

-¿Dónde está papá? 

La madre ve que a su derecha, Benjamín está parado con sus brazos cruzados y el ceño fruncido, mirándola en busca de respuestas.  Ella mira hacia la mesa, nota el pequeño no tomó su desayuno.

-Ya sabes, papá se fue. Vamos, come hijito.

-¿Por qué se fue? -pregunta Benjamín, caminando delante de ella hacia la mesa.

-Porque dice que estoy loca.

Benjamín se lleva sus manos a la boca, tapando su risita, y su madre ríe porque es un niño adorable y su rostro travieso es un regalo luego de verlo tan enfermo.

No importa que el hombre ya no esté en la casa, al contrario, eso es mejor. Puede ser feliz sola con Benjamín, sin aguantar el rostro amargado de su marido.

Benjamín da vueltas y al final no come sus cereales. La madre niega con la cabeza, se lleva el cuenco y lo deja en la cocina para lavarlo después.

-Se nos hace tarde para tomar el autobús. Ponte su bufanda, hoy está muy frío.

Ella se viste con su abrigo verde, el niño la imita poniéndose también su abrigo y se envuelve con una bufanda azul, a juego con su gorrita.

Salen a la calle, el día es soleado pero hay mucho viento. Caminan rápidamente, Benjamín aferrado a la mano de su madre va casi corriendo. Llegan hasta la parada del autobús justo a tiempo para no perderlo.

Allí toman el transporte, y cuando se sientan el niño susurra que quiere comer chocolate.

-Lo compraré cuando lleguemos, quédate quietito. Mira por la ventana, allí hay muchas vacas.

El niño sonríe ampliamente, saluda a los animales con su manito.

Cuando llegan al cementerio, bajan y Benjamín corre hacia el kiosco junto a la parada del autobús.

-Está bien hijo, te compraré tu chocolate.

-¡Que sea uno grande!

-No, será de los que te gustan pero de tamaño chico, porque no comiste tus cereales esta mañana. No quiero que te enfermes otra vez, ya sabes que cuesta mucho dinero curarse y pasas mucho tiempo en el hospital.

Un poco desilusionado, el niño asiente pero luego se aprieta contra su madre, pidiendo su dulce.

-Vas a comerlo luego. Ahora compremos las flores.

Van hasta el puesto de flores, la madre elige un ramo de claveles grandes y blancos.

Como hace mucho frío, en el cementerio solo andan unas pocas personas y Benjamín corre libre por el césped brillante. Cuando su madre lo llama, regresa agitado con su gorra azul en la mano.

-Mamá, ¿cuándo nos vamos?

-Espera cariño, recién llegamos.

Juntos caminan por una senda hasta un espacio lleno de tumbas grises y abandonadas. Se detienen en una que se destaca por su color azul y sus ositos de peluche que adornan la cruz de metal herrumbrado.

La madre se inclina, sonríe al ver la pequeña foto.

-Buenos días, Benjamín. Te traje tu chocolate favorito y estos claveles blancos. 


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